Volver a insistir en que estamos en un momento de cambio no tiene sentido. Lo dicen los medios de comunicación a través de sus analistas de opinión, lo dicen los expertos, lo afirman todos los futurólogos serios de la economía. Ya no cabe la menor duda. Crisis, sí, pero también cambio, construcción de un nuevo modelo. Época de innovación.

Y la innovación no requiere tecnólogos ni burócratas para surgir, obligatoriamente, pero sí exige siempre creatividad e ideas más mucho trabajo para ponerlas en marcha, acompañado de continuos tropiezos, requisito indispensable para aprender y mejorar esas ideas que queremos, cambien el mundo (siempre para mejor).

No intentamos decir que los tecnólogos no aportan a la innovación, más bien al contrario, ni que los burócratas no sean indispensables, en absoluto. Necesitamos personas eficaces que conviertan las ideas en procesos y personas constantes que registren/analicen datos. Pero antes de eso hay que parir la idea. Ideas que nacen (o debieran) de la necesidad, existente o por aparecer (actitud visionaria).

Observando el entorno y las necesidades encontramos lo que buscamos: las oportunidades. Dos casos que nos inventamos a bote pronto, sin pararnos a analizar impedimentos, legislaciones o futuribles inconvenientes. Uno en el transporte de cercanía fuera de las áreas metropolitanas; otro en el mundo del deporte.

Transporte local autónomo

Uno de los servicios que suele verse afectado por el intrusismo y la piratería en épocas de necesidad es el transporte local, especialmente fuera de las áreas urbanas bien servidas en este sentido. Los medios de transporte públicos -o las empresas privadas que los gestionan- se quejan, al mismo tiempo, de falta de rentabilidad y de competencia desleal.

A la administración pública no le costaría ningún esfuerzo más allá de realizar unos ajustes en las legislaciones oportunas poder activar el servicio privado a través de transportistas locales en régimen de autónomo.

Pequeños profesionales que con un vehículo pequeño, de bajo coste de mantenimiento, apto para transportar 4, 6, 12 personas, no mucho más, puedan realizar servicios de transporte en esos barrios alejados donde la guagua (nuestro autobús) no pasa y tampoco van los taxis. Con las facilidades oportunas podría crearse un nuevo nicho de negocio que daría la oportunidad a que personas en situación de desempleo encontrasen ahí su espacio.

Para eso las empresas concesionarias del transporte público deberían de aprender a convivir con este servicio privado o incluso cederlo (sacrificando los ingresos por transporte subvencionado, obviamente). En fin, somos conscientes que, entrada la discusión en los peros y los paras serán muchos, sin embargo, si se quiere, se puede. Sólo hay que generar la idea adecuada.

Entre el gimnasio y la tienda deportiva

Otra idea sencilla, llevar el concepto de la colaboración entre empresas al pequeño negocio.

No sabemos si es por desconfianza, por impedimentos legislativos o cuál es la razón, pero resulta sorprendente que los pequeños gimnasios no cedan y aprovechen sus instalaciones para que las tiendas deportivas lleven al cliente, de ambos, sus productos (aprovechar para ir allá donde esté tu comprador en vez de esperar a que venga él a ti).

El gimnasio gana en diversidad de servicios (obviamente puede tener ingresos por cesión de espacios por negociación de porcentaje por la venta).

A la inversa, la tienda deportiva podría actuar de prescriptora del gimnasio. Creando sinergias las oportunidades se multiplican.

Lo sabemos, seguimos siendo conscientes. No se puede por esto y por aquello y por lo de más allá.

O simplemente porque nos anclamos en visiones de negación, en los no-se-puede en vez de en los y-si.

Innovar, en definitiva, puede ser tan simple como optimizar recursos abriendo mercados monopolizados a pequeñas pymes y profesionales que sí pueden hacer rentables determinados espacios improductivos para las grandes empresas; o creando sinergias entre empresas vinculadas por el mismo cliente. Así que…

¡A darle a la mollera!
Ángel Cabrera

Ángel Cabrera

Project Manager y Socio Fundador at NexGlobal
Apasionado de la comunicación, con especial devoción por la palabra escrita y leída, tras década y media centrado en la programación web (1996) fui moviéndome hacia lo que más me apasionaba, las personas y como forman redes interconectadas a través de las que viaja la información, a la vez que este viaje transforma y dota de vida al mensaje.

Ya era community manager antes de que se acuñara la palabra. Con ella descubrí un apelativo para lo que hacía (antes del boom de los social media) en la red, en foros, en listas de distribución, en tablones de anuncios, en servicios de suscripción...

Nex es eso, personas y comunicación. Muy personal...
Ángel Cabrera

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